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Un cazador muy particular

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La escritora colombiana Lina María Pérez Gaviria, con su obra “El cazador de ruidos”, de la Editorial Panamericana, ofrece una particular mirada al mundo de los inventos, las innovaciones y el espíritu creativo y curioso, que es tan cercano al universo infinito de los niños.

Aunque esta obra está enfocada en un público infantil, perfectamente, también puede ser leída y enriquecida desde la óptica de un adulto. Casos como el de “El Principito”, pretenden dirigirse a los niños, por parte de la crítica especializada, pero es un texto que encierra infinitas posibilidades de interpretación con conceptos maduros y certeros sobre las relaciones de pareja y el sentido de posesión, por citar, solamente, algunas temáticas. Es por todo esto, que esta novela de Pérez Gaviria es una puerta abierta en la que un osado lector, con características similares a las de Candilejo, podrá crear y recrear variadas lecturas e innovar en cada intento por abordar el mundo que encierra “El cazador de ruidos”.

Sumado a esto, la autora ofrece un mundo infinito de posibilidades con el lenguaje, aquel del que se nutre para crear todo tipo de neologismos que son verosímiles en el mundo de ficción que vive Candilejo Altagracia, particular personaje y protagonista de esta historia, en el que los lazos familiares y lo, aparentemente, “absurdo” son el pan de todos los días. Palabras como “perrología”, “ruidología”, “sietegoles”, “curiosiómetro”, “Tres por Cuatro” y “zerdeja” son una pequeña muestra de ese universo de términos que hacen parte del contexto del afamado inventor y cazador de ruidos.

Posiblemente, en esa senda que trazó Lewis Carroll, el absurdo juega un papel vital en esta obra de esta filósofa y escritora colombiana.  El lector se puede encariñar, fácilmente, con Panelo, el “perro civilizado” o con una versión robot de este doméstico animal: Tres por Cuatro, el regalo que recibe su sobrina Olga. Inventos, posiblemente irrealizables e inverosímiles para algunos, como “un sombrero para captar las señales de las estrellas”, “un reloj para medir la alegría”, “una máquina que cuenta la cantidad de pelos que tiene un perro”, entre otros, son creados en su “basurero-laboratorio” con un único fin: dejar alguna enseñanza en quien los usa.

La obra pone en evidencia los alcances de la tecnología  y de los inventos, pues estos deben ser creados con fines nobles y no con la noción de destrucción o desintegración social o familiar.

“El cazador de ruidos” es una obra familiar que abraza el mundo en el que todo es posible y en donde las barreras son solamente mentales.

Jimmy Fortuna

Periodista y editor colombiano

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