Viajando con EMMA

Reina de las llanuras: Denver. Segunda Parte

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Un año y medio pasó antes de que hiciera la segunda visita a Denver en un clima más benigno, la primavera, también acompañada de mi hija y tuve la oportunidad de ir con más tiempo y calma.  Empezaré con un comentario sobre el aeropuerto internacional de Denver que es llamativo y, particularmente, misterioso.  Tiene un especial diseño que se aprecia cuando uno se va acercando; me detuve para contemplarlo  en perspectiva a una distancia suficiente como para advertir las formas sinuosas y atractivas de su estructura. Es una fachada en forma de corbatín forrada en cristal azul, pero tuve la sorpresa de que este edificio no forma parte del aeropuerto, sino que es un hotel que colinda con el mismo. Sin embargo, el punto focal del aeropuerto la constituyen sus enormes toldos blancos en homenaje a las tolderías indígenas, pero alguien me contó que también eran en homenaje a las cimas de las montañas rocosas que se observan en el fondo;  con toda certeza, es un diseño muy particular y llamativo.

Están fabricadas en teflón tejido con fibra óptica y son unas estructuras gigantes, armoniosas y proporcionadas, creando  un perfecto contraste blanco, sobre el cielo azul,  dando la sensación de acogida.  En fin, es una construcción inigualable y muy llamativa que me fascinó y la evoco con nostalgia. Hay una leyenda algo satánica en torno a este aeropuerto sobre su construcción, su forma y la interpretación de sus murales, pero personalmente no vi ningún vestigio y por eso, hago caso omiso de ello y solo me centro en lo que vi y sentí.

Al día siguiente, después de un buen descanso, visitamos un acuario de grandes superficies de vidrio donde vivían peces, pulpos, crustáceos de todos los tamaños, pequeños medianos y grandes con un sinnúmero de colores, con puntos, rayas y texturas, un festival de fauna marina.

Como soy aficionada a las plantas, no podía pasar sin visitar el Jardín Botánico de Denver, un refugio de paz, en medio de la agitada ciudad; se puede pasear en medio de modernos diseños de jardines repletos de plantas con sus exuberantes flores, rodeados de oscuros lagos misteriosos, construcciones de obras modernas; encontramos las reconocidas esculturas del famoso artista Alexander Calder con sus móviles hechos en alambre,  muy apropiados para embellecer estos sitios públicos, en donde sus formas orgánicas y abstractas se balancean y danzan al compás de la luz del sol y del viento. Esta visita nos reconfortó, pues nos sentimos más cerca de la naturaleza, como en reconciliación con ella por todo el daño que,  continuamente, le causamos. Definitivamente, es una isla en medio de una selva de concreto.

Habíamos programado visita y concertado una cita para conocer una afamada chocolatería: la Hammond Candy Factory, en la que, infortunadamente, solo pudimos acceder a la sala de ventas por llegar casi a la hora del cierre de la fábrica. El establecimiento estaba muy concurrido: había personas de todas las edades, en especial, niños y asiduos clientes. El lugar estaba decorado con mucho colorido y buen gusto, sus productos bien expuestos: de tal manera, que nos fue imposible sustraernos de comprar golosinas y cajas de chocolates; todo de muy buena calidad, por lo cual aprovechamos la ocasión para comprarles un detalle dulce a los amigos; es un buen regalo y a casi todas las personas nos gusta sentir cómo el chocolate se nos derrite en la boca; es una delicia.

Ir de vacaciones a una ciudad grande trae como consecuencia que se encuentren muchos sitios donde visitar, y para todos los gustos, así que es una buena opción para conocer y disfrutas de nuevas sensaciones.

Emma Yolanda Ramírez de Rahim

Docente y Maestra en Bellas Artes

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