Viajando con EMMA

Providencia, el mar de los siete colores

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Para el cumpleaños de mi hermana, decidimos ir al mar, a un lugar que no conociéramos y que fuera tranquilo, entonces nos decidimos por Providencia, una isla que junto con San Andrés están situadas en el territorio insular del caribe colombiano. Contábamos con cuatro días soleados, con playas, brisa y un fantástico mar, qué vacaciones nos esperaban.

Habíamos partido desde el aeropuerto de Bogotá y al llegar a San Andrés hicimos transbordo a una avioneta en la que viajamos sobre el mar, rumbo a Providencia. A la llegada, desde el aire, percibimos diversas tonalidades aguamarinas junto a los arrecifes, justificando el sobrenombre de “el mar de los siete colores”; finalmente, después de varias vueltas a la isla, el avión ingresó por el aeropuerto de El embrujo con una leve llovizna, un buen comienzo a la isla encantada.

Providencia es una pequeña isla, de unos 7 km. de largo por 4 km. de ancho, con una población de unos 5.000 habitantes y unos 15.000 turistas que la visitan cada año. El elemento principal de Providencia es el mar con sus extensas formaciones coralinas, que es su mayor atracción, en donde el agua que la rodea es transparente y cristalina con una coloración que fluctúa entre el claro verde esmeralda y el profundo azul oscuro, de tal manera, que la degradación de color es infinita; es todo un espectáculo; pero claro hay que contar con el factor luz solar, pues si está nublado, los colores se oscurecen y se opacan. Unido a esto, su arena blanca y sus espigadas palmas, convierten las playas en postales caribeñas.

Hay sitios puntuales para visitar, uno es Cayo Cangrejo que es una reserva natural y al que se llega por lancha al muelle. En este punto no hay playa, la idea es bucear y hacer ‘snorkel’, con caretas que se alquilan en la cabaña del muelle por poco dinero. Sumergirse en el agua en este sitio es transportarse a otro mundo, ante la vista de algas, peces multicolores, las tortugas marinas todo lo que nos permite admirar la belleza del conjunto. Imagínense la mayoría de turistas con careta y agachados, mirando dentro del agua, hacia abajo, extraña reunión. Además de mirar, también se puede nadar; el agua es tibia y luego, relajarse en el muelle.

Otro sitio es “El pico”, lugar más alto de la isla, de 350 metros, que tiene una vista panorámica de 360°. Es una zona natural muy bella; los turistas aprovechan el lugar para tomarse fotos y también apreciar el arrecife de coral, una experiencia inolvidable y única.

Por último, se encuentran los manglares,  que son árboles de diferentes especies que viven en las zonas costeras, proveen hogar para la reproducción y cría de peces, crustáceos y  moluscos; pasearse en canoa por estos parajes es como volver a la prehistoria del mundo. Así terminamos un paseo a la isla de gente sencilla cordial y amable, devolviéndonos a nuestra cotidianidad, esperando otra excusa para conocer sitios desconocidos.

Emma Yolanda Ramírez de Rahim

Docente y Maestra en Bellas Artes

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