Viajando con EMMA

La Catedral de Sal, santuario religioso

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Hace poco estuve en las famosas salinas de Zipaquirá y realmente disfruté este paseo. Por un lado, estaba acompañada con familiares muy allegados a los que estimo mucho, y por otra parte, quedé gratamente sorprendida por la Catedral de Sal, no era lo que me imaginaba.

Iniciamos el paseo desde Bogotá, la capital de Colombia, y nos dirigimos hacia el norte, acompañados de un paisaje esplendoroso, muchos árboles y plantas, matices en tonos ocres y verdes con la tibieza del sol propio del clima tropical, templado y húmedo; me encantan los paisajes de la sabana que siempre ofrecen contrastes agradables a la vista.

Llegamos cerca del mediodía y nos dirigimos entonces a las minas de sal, listos a comenzar la aventura subterránea, nos orientaba un guía y descendimos por las frías galerías que conforman un conjunto de tres secciones. La primera es el Viacrucis con 14 estaciones, simbolizan el camino de Jesucristo hacia el Gólgota. Estas estaciones consisten en pequeños altares tallados en roca de sal, para lo cual se buscaron conocidos escultores, que trabajaron en precarias situaciones, teniendo en cuenta las dificultades que presenta esculpir dentro de una mina. Los resultados los podemos apreciar los turistas, en la sencillez y la síntesis de los diseños.

Una vez terminada esta parte llegamos a otra sección, la Cúpula, elemento indispensable en toda catedral así sea subterránea. Fantástica. Un domo que simboliza para los cristianos el cielo, de ahí la forma y la iluminación en tonalidades azules, aguamarinas y violetas con un fondo donde se percibía la textura de la roca gris, con sus exquisitas vetas geológicas, sin duda alguna, esta visión nos impresionó por su luminosa belleza.

Y la última sección, las naves, tramo final que conduce al centro de la catedral, donde está representado en el suelo con un bajo relieve “la creación”, homenaje al pintor-escultor italiano Miguel Ángel en el techo de la capilla Sixtina. En el fondo de la nave central, está escavada en relieve la inmensa cruz de 16 metros, detrás del altar mayor, igualmente iluminada con luces blancas, que la resalta del fondo oscuro de la mina. Resumiendo, la característica principal de esta catedral es la inmensidad, la grandiosidad y su magnitud.

La población de Zipaquirá, donde se encuentra la Catedral, está ubicada en las faldas de la montaña y es tan tranquila y acogedora que nos gustó a todos por igual. Luego de hacer un pequeño ‘tour’ por la ciudad, escogimos un restaurante en las afueras, en un galpón reformado con grandes ventanales hacia el atrayente paisaje que pudimos disfrutar, lo mismo que los platos típicos de la región como el ajiaco, el puchero y el cocido boyacense.

Quedamos muy satisfechos de haber conocido este hermoso sitio y admiramos el gran trabajo de arquitectura, pero sobre todo se aprecia el arduo trabajo de los mineros, al excavar las rocas de sal, para obtener una de las maravillas del mundo,  como es conocida nuestra Catedral de Sal.

Emma Yolanda Ramírez de Rahim

Docente y Maestra en Bellas Artes

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