Viajando con EMMA

Capurganá, singular destino. Segunda Parte

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Luego de la agradable y sorprendente caminata, nos devolvimos al hotel para degustar la comida, la cual definitivamente estaba muy sabrosa, bien condimentada y variada. Un bufet que, además de las viandas, estaba decorado con gusto y detalles, muy de acuerdo con el ambiente caribeño. Podíamos percibir que este hotel fue construido con cuidado para complacer el gusto y la comodidad del turista y, en el caso nuestro, lo logró.

Al día siguiente, teníamos programada una excursión por la selva y el cruce de varios riachuelos. Nos dispusimos en compañía de un guía a realizarla con el atuendo adecuado, pensando si podríamos cumplir con la meta de caminar hasta un lugar llamado “El cielo”, un pozo natural y de aguas refrescantes. Nuestro guía era un hombre de la región, de unos 70 años, y al verlo nos preguntamos si tendríamos fuerzas para alzar este guía de regreso. Sin embargo, nos sorprendió gratamente: no solo caminaba con paso ágil, sino que tenía un repertorio de historias y buenas adivinanzas. Entonces lo que pensábamos que sería una caminata larga y penosa, resultó muy agradable, pues con sus comentarios y enseñanzas nos dio todo un ejemplo de vida.

Cierto es que llegamos cansadas, pero con el alma alegre y reconfortada. Esta persona, un hombre humilde en un lugar perdido, realizando su trabajo con ganas y amor, sin quejarse de su suerte, sin renegar por tener que ganarse la vida a su edad, y con las dificultades que proporciona su avanzada edad había encontrado un equilibrio en su existencia e irradiaba completa armonía y felicidad. Nos demostraba cómo la sabiduría la puede alcanzar cualquier persona, sin necesidad de estudio alguno, y ahí teníamos el ejemplo en persona.

Otra singularidad del lugar es que no existen vehículos. Parecía como si nos hubiéramos devuelto en el tiempo; yo creo que son muy pocos los lugares en el mundo donde no existen carros en pleno siglo XXI y esto se debe a que no hay acceso por carretera. El transporte se efectúa en las ya mencionadas carretas, arrastradas por burros, en caballos y en bicicletas.

Hay un pequeño muelle con lanchas no muy grandes al que llegan personas de otros poblados con menajes, provisiones, y turistas nacionales y extranjeros. También hay algunas hermosas playas como Sapsurro y la Miel, situadas en terrenos panameños, donde nos asombramos de ver el color del agua, las blancas arenas, las palmeras, un idílico paisaje natural.

En fin, en este viaje conocimos un lugar con características propias y singulares, en donde la naturaleza es protagonista, casi no ha sido afectada por la mano del hombre y es atrayente este lugar perdido, pero es claro que si este tema de la ecología no lo atrae, no es el mejor destino para usted; pero, por el contrario, si busca integrarse con la naturaleza disfrutará enormemente la belleza, la tranquilidad, la sencillez y el colorido de un sitio que trata de mantenerse lo más natural y limpio frente al reto que representa el turismo que crece continuamente. Me alegro de haber estado en este lugar paradisíaco con mis hermanas con las que compartimos las mismas inclinaciones.

 

 

 

 

 

Emma Yolanda Ramírez de Rahim

Docente y Maestra en Bellas Artes

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