Editorial

‘Amenazas’ en los colegios: ¿una nueva moda?

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Con bastante curiosidad y extrañeza las noticias de las últimas semanas han estado informando acerca de una serie de comportamientos, muy particulares, por parte de estudiantes, quienes fingiendo ser terroristas, están creando una atmósfera de caos y desasosiego en diferentes instituciones académicas de Ohio. 

Este fenómeno, al paso que va, pareciera que estuviera teniendo un efecto viral, pues ya han sido varios los casos en los que jóvenes, en un afán de generar desorden y violencia, están creando falsas amenazas de supuestas bombas en colegios de Waynesville, Springboro y Lebanon.

A comienzos de este año, en varios colegios del Reino Unido, específicamente, en West Midlands, sucedieron amenazas de bombas, hechos que llevaron a que se cerraran las instituciones y, por ende, que se cancelaran las respectivas clases.

A diferencia de lo que sucedió en Europa, en el caso particular de Ohio, las amenazas no provenían, solamente, a través de llamadas telefónicas, sino también de mensajes que fueron dejados en baños y diversos lugares de los colegios y los responsables son estudiantes que, posiblemente, por un aire de reconocimiento social y notable inmadurez, propiciaron espacios de total incertidumbre, caos y desorden que producen terror en estudiantes, docentes y directivos, entre otros.

La situación fue tan compleja que hasta terminó en un pronunciamiento, por parte de David Fornshell, Warren County Prosecutor, en el que informó acerca de las drásticas sanciones que recibirán los estudiantes que sean atrapados, realizando este tipo de acciones que van en contra del bienestar común, la paz y la tranquilidad que se deben respirar en lugares sagrados del conocimiento, como los son los colegios, espacios en donde la academia y la formación integral son las bases de una sociedad que se forma con anhelos de ver cambios y transformaciones sociales y no para apreciar más entornos en donde los gritos y las amenazas, de posibles atentados terroristas, sean el común denominador.

Es por todo lo anterior que se hace válido un llamado de atención, tanto a padres de familia, como a docentes y directivos y, por supuesto, a los mismos jóvenes, para que razonen acerca de los alcances que una supuesta “broma” o “amenaza” puede llegar a desencadenar y que en los espacios de diálogo, que se tengan con ellos, se pueda abrir un momento de análisis en el que se critique, fuertemente, este tipo de actuaciones delictivas. De un acto de esta envergadura, se pueden producir, incluso efectos colaterales, que lamentar.

mbach

Publisher, General Manager

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